jueves, 9 de octubre de 2008

KANTUR WASI

Hace más de mil años, en el caserío de La Conga (San Pablo, Cajamarca), sus habitantes construyeron un primer centro ceremonial en el cerro La Copa. Para hacerlo modificaron con mucho esfuerzo la forma original de la montaña, dotándola de plataformas y de aquellos espacios abiertos que ahora llamamos plazas. Sobre una de las paredes se había pintado la figura de un jaguar humanizado cuyos colmillos, labios gruesos y ojos cuadrados daban cuenta de un culto en expansión, que con el andar del tiempo se haría presente en gran parte del territorio peruano.

Medio siglo atrás (1946) los discípulos del sabio Julio C. Tello habían encontrado en el lugar alrededor de diez monolitos de piedra y una tumba saqueada con algunos objetos de oro. Nada presagiaba los tesoros escondidos en esta elevación. Acostumbrados como estamos a ubicar los metales preciosos en las tumbas de la costa, el sitio de Kunturwasi, en la apacible sierra norteña, verde y de alturas franqueables, no parecía ser el reservorio de cultura que ahora conocemos.




Adornos colgantes de oro La historia guardada en este cerro, se hizo comprensible, cuando la Universidad de Tokio decidió convertir a Kunturwasi en el laboratorio de un prolongado período de exploraciones. Uno de sus primeros resultados fue descubrir que el templo primitivo, con la cabeza descrita arriba, había sido enterrado deliberadamente, y que una nueva sociedad llegó desde el exterior para trastornar la vida de los habitantes originales.

Quizá lo hicieron desde la costa Norte. Si fue así, los visitantes una vez cubierta la arquitectura anterior, erigieron sus propios templos. Hacia el año 800 o 900 de la era cristiana, levantaron una gran plataforma de 145 metros de ancho y 170 metros de largo, abierta hacia el NO por terrazas escalonadas, que debió ser tan importante para los nuevos fieles, como todavía lo es para nosotros. En realidad la plataforma es parte de un complejo en el que se puede ver el templo en forma de U que caracteriza también otras construcciones en distintos lugares del área andina de este período. La existencia de conchas y caracoles marinos nos habla de un intercambio de productos que debió ligar a estas gentes con las costas ecuatorianas.

EL lugar presenta monolitos cuyos ojos están formados por cuerpo o colas de serpientes, añadiendo a las esculturas un segundo animal mítico, muy común en la escena andina. Otra forma de ojos,dotada de cuencas cuadradas, añade misterio a la escena del cerro. Siete tumbas, una de ellas con una mujer de edad muy avanzada, todas con ofrendas, dan cuenta de una sociedad estratificada, cuyos jefes debían concurrir al más allá provistos de lo mejor de sus posesiones.

Las ofrendas constituyen uno de los repositorios en oro de mayor antigüedad en la escena peruana. La pieza más conocida es la que suele denominarse "Corona de oro" y que está compuesta por tres bandas que la ciñen de abajo hacia arriba. Lo que tenemos es una base pulida sin adorno alguno, a continuación y sobre ella se erigen dos bandas (una sobre otra) formadas por cabezas humanas. Se trata de pequeñas piezas ligadas a la armazón principal por alambres del mismo metal.

Monolito de piedra


Botella de cerámica ornitomorfa Al lado del metal también se han encontrado conchas de mar cuidadosamente trabajadas (strombus). Se trata de trompetas a las que se le agregó un delicado diseño de líneas, y los agujeros con la ubicación conveniente para convertir el objeto en un instrumento musical. No podemos dejar de mencionar la fina cerámica en arcilla roja, con motivos simples en general, aunque también podemos hallar vasos ornitoformos de gran complejidad. No faltan las cuentas de piedra y lapislázuli y figurinas de cerámica que seguramente acompañaron a los entierros y que ahora tienen un lugar en la mesa de los curanderos modernos.


Para terminar es imprescindible dar un espacio a un pectoral de oro en el que se distingue la figura de dos infantes unidos por la parte posterior de sus cuerpos. Sus caras y extremidades apuntan en sentido contrario y nos dan la impresión de estar llorando como dos gemelos en el vientre de su madre.

Se trata de un motivo central en los relatos fundacionales de la cultura andina. Los gemelos figuran en los relatos de origen del mundo y suelen conectar la mitología amazónica con la serrana. En más de una versión son el sol y la luna en el momento de su llegada al universo, indefensos frente a los otros dioses y al mismo tiempo, con la energía suficiente como para tener un papel definitivo en el nacimiento de la raza humana. No se trata de un motivo que pertenece exclusivamente a Sudamérica, también son parte del ciclo de relatos de origen en el Popol Vuh en Mesoamérica, donde su muerte propicia la aparición de la humanidad a la que pertenecemos.

Al fondo, Kunturwasi: símbolo de
identidad del puebl ode San Pablo


Por todas estas razones y muchas más, Kunturwasi es un espacio de sacralidad que el Sr. Yoshio Onuki y sus colaboradores han abierto para el mejor conocimiento de nuestro pasado. A la investigación científica han añadido una comunicación entrañable con la comunidad, que han convertido a los restos del pasado y a su museo de sitio en la señal de identidad de los pobladores de San Pablo.

KUNTUR WASI
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De visita obligada.
Se toma la carretera asfaltada Cajamarca - Chiclayo hasta el desvío a Chilete (2.30 hrs.) y ahí tomar dirección a San Pablo para llegar a Kuntur Wasi (22.5 km. 30 min.) Carretera afirmada.

Cuenta con un pequeño albergue recién estrenado. Muy acogedor y con vista panorámica. (cap.6-8 personas - DWB $15) Tlf. 076-859006 César Alberto Tejada.


Museo de Sitio Kuntur Wasi MUSEO DE SITIO

Muy bien planteado, impecable, podemos encontrar importantes objetos de oro y cerámica, que provienen de las tumbas excavadas.
Ver artículo en esta edición.
Adultos: S/. 4.00 estudiantes univ.
S/. 2.00 - escolares S/. 1.00
Toda la semana exc. lunes.


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